Los interrogantes eran muchos, pero las respuestas de la agencia de transporte del Expreso Transiberiano nos inquietaban. No daban ninguna garantía de fechas de embarque del vehículo ni de su entrega en Irkustk. Todo eran vaguedades. Quizá en quince días, tal vez en veinte o treinta, decían poder transportar el vehículo. ¿Cómo dejar el coche y sus llaves a quien es incapaz de garantizar nada?. El KXR es, al fin y al cabo, nuestro hogar en este viaje alrededor del Mundo.
La decisión fue unánime: Dani haría la travesía en tren para contarla con exiguos medios y mucha ilusión. Alfonso y yo iríamos hasta Irkustk en el coche. Llenos de optimismo y disimulando nuestra ansiedad pensamos que sería la mejor manera de contar en paralelo una travesía larga y alucinante en dos medios de transporte muy diferentes. Así se hizo.
Sentimos un gran desasosiego. Los riesgos eran muchos. El camino largo hasta la locura: más de 5.200 Km por delante en unas condiciones desconocidas. Daba vértigo pensar que esa distancia nos llevaría con creces a España o incluso a Marruecos desde Moscú…
Peter nos preguntaba incrédulo porqué lo hacíamos. No conocemos otra respuesta que el amor al viaje, el placer de conducir, la confianza en nuestro coche y en nuestra capacidad para ir hacia adelante.
Nos despedimos de Peter y Dani el día 11 de Octubre en la gran avenida que nos daba la salida hacia Kazán en Moscú. Nos ahogaba un nudo en la garganta al separarnos de Dani por primera vez en varios meses. Ahora estábamos, quizá, más solos que él. Teníamos que echarle coraje y ganas de llegar.
También se hizo eso. |