La ruta por Noruega continúa rumbo norte. Cruzamos la línea virtual del Círculo Polar Ártico. Este es un momento emocionante, pero el trayecto previsto para esta jornada es muy largo. Decidimos tomar un Ferry en Skutvik rumbo Svolvaer, ya en las islas Lofoten. La travesía a lo largo de las carreteras noruegas es de gran belleza debido a la pureza de los paisajes. La conservación de la naturaleza es para los noruegos una prioridad absoluta.
El Ferry que nos lleva a las islas Lofoten se abre paso a través del imponente Vestfiorden entre montañas y valles. Zarpamos al atardecer, la travesía dura algo más de dos horas. A mitad del trayecto miramos asombrados al cielo, contemplamos sobrecogidos la Aurora Boreal.
Las islas Lofoten y Vesteralen son archipiélagos únicos. Gracias a las corrientes marinas cálidas permanecen todo el año con temperaturas relativamente suaves. Apenas nieva. Su paisaje recuerda a países como irlanda o Escocia, pero sus fiordos son grandiosos por la altura de las montañas y de los acantilados que emergen del mar. Junto a estas montañas y valles, los pequeños poblados que se asientan cerca del mar, siempre próximo, dan notas de color que contrastan con el verde profundo del paisaje. Los puertos pesqueros nos transmiten su tranquilidad y su gracia. Hay barcos de colores vivos y por todas partes estructuras de madera que sirven para secar el bacalao.
Lofoten deja huella imborrable a sus visitantes no sólo por su belleza: su gastronomía es exquisita. Es el lugar ideal para probar la carne de ballena, el bacalao, el arenque y el salmón, preparados de forma tradicional. También se pueden tomar postres excelentes como tartas y pasteles a base de grosellas, arándanos y otras frutas recogidas en los bosques cercanos.
Desde este archipiélago partimos rumbo a nuestro ansiado primer fin de etapa. La travesía se hace muy larga. Para recorrer cien Km. hacen falta hasta dos horas. A aún más tiempo debido a que encontramos en nuestro camino renos, alces y zorros polares y nos detenemos a contemplarlos. La señalización en las carreteras ya avisa de estos posibles encuentros.
Partimos el camino dejando atrás la ciudad de Narvik y a nuestra izquierda Tromso, ciudades también entre bellos fiordos cuyas aguas cubren el pecio del inmenso buque alemán Tirpitz y cubren también la triste memoria de la batalla de Noruega en la Segunda Guerra Mundial.
En un punto indeterminado de este camino es preciso hacer una pausa. El KXR ha recorrido los primeros 10.000 km. de viaje. Dejamos constancia del momento con el recuerdo de unas fotografías
La última escala antes de alcanzar el objetivo final es la ciudad de Honningsvag que está a treinta Km. del Cabo Norte. El frío se hace notar con crudeza en estas latitudes. No hay que olvidar que, poco a poco, nos hemos adentrado más de 500 Km. desde que cruzamos el círculo ártico. El paisaje antes de llegar a esta ciudad está pelado. Las rocas parecen de pizarra, con laminillas muy finas formadas acaso por sedimentos sucesivos. El viento azota las carreteras implacablemente.
El asalto final llega por la mañana: Cabo Norte, punto geográfico emblemático, es el lugar de tierra firme más septentrional de Europa. Este destino mítico para viajeros y motoristas ya es mítico también en nuestro recuerdo.
-LATITUD NORTE, 71º 10´ 21´´ -
Desde las alturas de los acantilados de Cabo Norte el Océano Glaciar Ártico nos ofrece su gran espectáculo de luces y sombras. Llueve y sale el sol cada poco tiempo, ahora un arco iris aquí, ahora allí. El mar está casi blanco por el viento gélido que nos hiela las manos y la cara. Sin duda Cabo Norte es el confín de otro mundo, quizá del nuestro. |