Entramos en Suecia ilusionados porque nuestro primer destino, la ciudad de Malmo, es muy sugerente, no en vano, esta ciudad se está convirtiendo en un referente mundial de la arquitectura y el urbanismo actual. En el centro de este impulso está la “Turning Torso Tower”, que diseñó nuestro compatriota Santiago Calatrava. Su edificio de apartamentos se ha convertido en todo un símbolo para esta ciudad y en cierto modo de la Suecia más moderna. Docenas de prestigiosos arquitectos de todo el mundo han sido, además, invitados a construir los barrios que la circundan y la actividad constructiva es frenética aún en toda la franja costera de la urbe.
Desgraciadamente Malmo nos deja el mal recuerdo de un robo. Ha sido una gran decepción. La fama de orden y tranquilidad de los países escandinavos nos ha jugado una mala pasada. Rompieron un cristal de nuestro KXR y forzaron las cerraduras de las valijas de transporte de la baca, y todo esto ¡en Suecia! La experiencia nos sirve como vacuna para el futuro. Por suerte la noche del robo descargamos el vehículo prácticamente del todo y el problema no fue demasiado grave. Daniel salió, sin embargo, mal parado: perdió casi toda su ropa.
En el concesionario Toyota Center de Malmo nos atienden rápidamente. Los operarios apañan el cristal roto en tanto llega uno nuevo de recambio. Con un par de días todo se arregla.
La ruta de nuestra expedición no recorre demasiado territorio de Suecia. Después de Malmo avanzamos hacia Noruega por la carretera costera. Nos hubiera gustado mucho acercarnos hasta Estocolmo pero nos vemos obligados por la exigencia de nuestra agenda a abandonar muy pronto este país.
Dormimos cerca de la ciudad de Goteborg y temprano por la mañana nos disponemos a entrar en Noruega, país donde por vez primera vamos a necesitar la versatilidad y la potencia del KXR para llegar hasta los lugares que más nos interesan.
Cruzamos la frontera y pronto nos sorprende el hecho de que las autovías se acaban. Las carreteras generales en Noruega son casi todas estrechas y sin arcenes. En nuestro país se calificarían como carreteras secundarias o a veces comarcales. Pero, ¡ay!, el control de velocidad por parte de la policía es más que riguroso. Sobrepasar en 10 Km. por hora la velocidad permitida puede salir por casi 400€. Y cada 10 Km de más la apuesta se dobla.
Entramos en la ciudad de Oslo al tiempo que recibimos una buena noticia: después de algo más de dos años de haber sido robados, se recuperan los cuadros “El Grito” y “ La Madonna” de Edvuard Munch. El Grito es todo un icono del siglo XX. Intentamos verlos pero lamentablemente nos informan de que permanecerán en restauración hasta dentro de dos meses.
Después de Oslo ascendemos hacia la ciudad de Trondheim, una de las poblaciones más importantes de Noruega y cuya Catedral de Nidaros, construida sobre la tumba del rey San Olaf, es acaso el edificio religioso más notable de Escandinavia.
Y de ahí a la pequeña ciudad de Mo i Rana que está rodeada por un paisaje espectacular. Esta ciudad es puerto de mar pero junto a sus fiordos y a tan sólo un par de Km. del Círculo Polar Ártico, se puede llegar al Parque Nacional de Svartisen. Desde sus glaciares descienden las aguas por gargantas como la de Marmolslootet o del Castillo de Mármol, cuyas rocas fueron esculpidas caprichosamente por la pertinaz erosión del agua.
De entre los diversos lugares que visitamos destacamos la experiencia de conocer a los saamis noruegos. Visitamos a la familia de Toamma. Cruzamos montañas y gargantas para llegar hasta el lugar donde vive este jefe de una familia de los Saamis del Sur. Tare Steiro, guía entregado y apasionado de su tierra, nos condujo hasta allí. Por fin podemos disfrutar conduciendo el KXR con todo su repertorio de posibilidades. Accionamos la palanca para activar la tracción a las cuatro ruedas, bloqueamos el diferencial y cruzamos el río que llaman que llaman de las Yeguas Dormidas. La travesía es emocionante y muy divertida. Finalmente fuimos acogidos por toda la familia y en un típico acto de bienvenida nos agasajaron con una taza de café con grasa y carne de reno.
Mo i Rana ha sido un gran preludio para nuestro paso por las tierras árticas de Europa. La línea del Círculo Polar Ártico está próxima. Sentimos curiosidad por lo que nos espera mientras no dejamos de sorprendemos con lo que vivimos en cada momento. Esta es, pensamos, la esencia de viajar. |