Nos despedimos de Francia para adentrarnos en la Europa Hanseática.
Brujas y Gante nos acogen con la amabilidad y la delicadeza flamenca de su arquitectura. Prodigio de ciudades y prodigio de conservación, puesto que su entorno fue campo de batalla en las dos guerras mundiales. Son lugares alegres y con el esmero de sus ciudadanos que se ocupan de mantener en un punto sus calles y plazas, muestran a los visitantes todo el esplendor de su pasado.
Brujas nos parece más ligera, más sencilla, aun cuando su arquitectura es sutil sofisticada. La ciudad natal del emperador Carlos V, Gante, se expresa en todos sus aspectos de modo más solemne.
Y por supuesto continuamos con Bruselas, ciudad farragosa, vital y arrebatada. Capital de Europa que tiene un algo mediterráneo en su caótico urbanismo y en su increíble mezcla de gentes venidas de todas partes; no sólo de Europa, sino de todo el mundo.
La gran travesía continúa por Holanda. Dejamos a izquierda y derecha ciudades cuyos nombres están ligados a episodios de nuestra propia historia y de nuestros grandes maestros, Breda, Utrech, Amberes…
…y Ámsterdam detrás, con su revoltijo de liberalidades, porros, barrios rojos, mezclado todo ello con la refinadísima actividad de los que acuden a los conciertos del Concertgebouw o a contemplar las colecciones del Rijsmuseum. Todo a un mismo tiempo y en armonía más que curiosa.
Estas ciudades sinuosas y llenas de canales, son antesala de Alemania. País que por las necesidades de nuestro trabajo no podemos disfrutar con la intensidad deseada.
En Hamburgo hemos añadido a la baca africana del KXR unos cofres metálicos perfectos para nuestras necesidades de transporte. El aspecto actual del vehículo es de lo más llamativo. La gente se detiene para contemplarlo. Muchos preguntan por las características especiales del vehículo, nos muestran su entusiasmo y nos desean buena travesía. Otros, más irónicos, afirman rotundamente que es el coche perfecto para cazar Leones y Elefantes en las ciudades del Norte de Europa.
Y con todo este bagaje cruzamos la frontera del norte y nos adentramos en Dinamarca.
Algo erráticos, puesto que dudamos entre ferry en Sonderborg o puente en Odense, fuimos a dar con los huesos en la ciudad de Elsinor.
Esta vieja ciudad, patrimonio de la humanidad según la UNESCO, fue durante años la puerta de Suecia. Los ferrys transportaban en exclusividad vehículos y personas entre Dinamarca y Suecia hasta que recientemente se abrió el paso por el puente de Oresund que une Copenhague con Malmo. Hoy es una tranquilísima ciudad donde se pueden tomar excelentes ahumados y se puede pasear por su castillo de Kronborg cuya imponente construcción inspiró la obra de teatro más famosa de la historia: Hamlet.
Dejamos Elsinor. A unos 40 km. está Copenhague, la ciudad más importante del norte de Europa.
Considerada capital de los países escandinavos, es una ciudad abierta y alegre. Es un lugar lleno de contrastes. La arquitectura pasa sin solución de continuidad del estilo barroco al la modernidad de la arquitectura de vanguardia. El paisaje humano cambia desde el barrio de Cristiania, llena de hippies trasnochados ahítos de cerveza y marihuana, a los distritos centrales. Allí vemos a los turistas en el Tívoli, paseantes en Nyhavn, chicas en bicicleta y desde los malecones del puerto algún que otro lobo marino en su viejo barco de madera bebiendo cerveza.
La antesala de la Península de Escandinavia es el Puente sobre el estrecho de Oresund. Orgullo de la ingeniería moderna, está precedido por un largo túnel bajo las aguas del báltico. Luego, una gran rampa nos eleva hasta casi cien metros sobre el nivel del mar. Los grandes mercantes pasan enanos bajo el gran tablero del puente. El viento silva al rozar los gigantescos tirantes. Y como por encanto llegamos a Suecia.
El Cabo Norte está cada vez más próximo. Nuestra primera meta está al alcance de la mano. La travesía alrededor de la Tierra continúa…
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