Estábamos aniquilados. Perdimos varios kilos de peso. Alfonso se quedó en el chasis. Dani apareció en el hotel al día siguiente. Su expresión era de asombro al ver a dos tipos parecidos a sus compañeros, con el aspecto de regresados de otro mundo. De inmediato el estrés -¡hay que ir corriendo al consulado de Mongolia que van a cerrar, si no queremos estar diez días en Irkutsk! Otra vez a correr.
Irkutsk y el Baikal estaban por ver. Este es un premio a nuestro esfuerzo que disfrutaríamos en los días siguientes. Felices de haber superado la travesía nos dispusimos, ansiosos, a intercambiar experiencias con Dani. Pasamos horas charlando y riendo contando las mil anécdotas del doble viaje en tren y en carretera. Quedan por delante miles de cosas por ver y vivir. La isla de Olkhom en el Baikal nos esperaba con la promesa de vivir una experiencia única.
El tiempo en Siberia está loco. Cruzamos zonas con temperaturas de catorce grados bajo cero, otras zonas lluviosas, y al llegar a Irkutsk, un tiempo primaveral durante dos días y frío y nieve al tercero. La capital del Oblast o región, es también un centro industrial de primer orden y estación de gran importancia del Transiberiano, pero conserva la belleza heredada de otras épocas de esplendor. Sus casas típicas son de madera, como en el resto de Siberia, pero tienen más elegancia y están llenas de adornos y filigranas por todas partes. Van quedando pocas, las modernas construcciones de hormigón las hacen desaparecer progresivamente. También hay plazas y calles de corte europeo decimonónico. Antiguamente se consideraba Irkutsk como la París del Baikal. La vieja aristocracia zarista no se privó de teatros, palacios, iglesias y jardines que han llegado a nuestra época conservadas con suerte desigual.
Irkutsk es por emplazamiento geográfico y por tradición el puente comercial de Rusia con sus vecinos Mongolia y China. De hecho, su aeropuerto sigue siendo un punto enlace principal con estos países y con las ciudades de la lejana Siberia Oriental como Ulan-Udé, Jabarovsk, Vladivostok o Magadán.
Aunque estábamos encantados con la llegada a Irkutsk, pronto nos llenó de excitación la inminente visita al lago Baikal que nos tenía preparada Dani. En fin, necesitábamos un par de días más de descanso, pero no hubo tregua. Nos vimos obligados a continuar con el trabajo.
Salimos a media mañana rumbo a la isla de Olkhom. Nevaba con intensidad considerable. Las calles de Irkutsk eran un caos, además, tardamos un par de horas en encontrar la carretera correcta. Las señalizaciones son muy malas, lo que es un factor añadido a la dificultad de entender el alfabeto cirílico.
Teníamos que recorrer unos 280 kilómetros para llegar al pueblo de Juzhir con un ferry de por medio. Tomamos por los pelos el último a las 8,30. Hicieron falta más de siete horas para llegar porque nos encontramos en el camino con ventiscas muy fuertes, tramos de hielo muy peligrosos y un montón de cosas que filmar. En uno de los tramos la ventisca daba a la carretera un aspecto fantasmagórico. Decidimos filmar el paso del vehículo. Bajaron del coche Dani y Alfonso. El termómetro del coche marcaba 12 grados bajo cero. Las condiciones para filmar eran durísimas. Después de filmar varios planos subió Dani al coche. Tenía un principio de congelación. No podía sostener la cámara con las manos, tardó varias horas en recuperar la sensibilidad. A Alfonso hubo que meterlo en el coche a empujones. Para él siempre hay que filmar algo más y aguanta cualquier inclemencia con una expresión dura que parece protegerlo de todo. ¡Menuda garra le echa!
Entramos en Juzhir ya de noche. Es una aldea muy tranquila con cientos de casitas de madera. Preguntamos por el hostal Nikita´s en una tienda de comestibles.
Cuando por fin lo encontramos nos recibió Sergei, el hombre más elegante y refinado de Rusia. Licenciado en física, también en filosofía por la Sorbona, políglota, místico del Baikal y para colmo nos ofreció una buena cena. Pronto apareció Nicolay, un tipo genial que al reconocernos españoles sacó su guitarra y empezó a cantar un montón de canciones de Raphael en un castellano tan bueno que ni en Valladolid. Eso sí, no tenía ni idea de lo que cantaba. Se unieron a la tertulia otros clientes de Nikita´s.: Canadienses, Ingleses, Alemanes, y hasta un tipo curioso que venía de ¡Ahití!. Y en medio de una fiesta multinacional singularísima, dimos cuenta de más de una botella de Vodka. Tuvimos, por su hospitalidad, la sensación inequívoca de que habían esperado nuestra llegada todo el día.
|